Óxido
Que cruel realidad. Alguien debió haberme avisado que sacar un clavo con otro, podría traer efectos secundarios y empeorarlo todo; crear una base de arenas movedizas para todo lo que había construido.
Beso sus labios y pienso en ti, recuerdo cuando tú lo hacías; siento aún tus caricias por mi rostro. Duele algo saber que ahora ni recuerdo mío debes tener, no junto a él. Se supone debería hacer lo mismo. Comienzo a desesperarme. No puedo borrar tu puto recuerdo de mí. Corro a ti? Vuelvo como estúpidamente debí hacerlo hace mucho, sin importar lo que el mundo pensase?
No entiendo en que te has convertido, pero no eres la ingenua niña que creí eras en un principio y tampoco la perra que acabó con mi vida. Te has vuelto en algo necesario. Un vicio al que me había acostumbrado, al que el tiempo me había hecho creer jamás perdería y que ahora busco de puerta en puerta por cada traficante en busca de aquella maldita droga que me está consumiendo.
Creo que fue una mala elección intentar borrarte con quien primero se pusiese enfrente, pero ya no sabia que hacer, el mundo me consumía lentamente, el mismo del que me habías alejado, pero cometí el error, y como siempre no sé como deshacer sin dejar heridos. Si algo no ocurre luego y me ayuda a salir de todo esto, no responderé por lo daños causados. Quiero desaparecer; volver a ser el ser que inadvertidamente pasa a tu lado, que con indiferencia transita las mismas calles todas las tardes. Quiero tenerte nuevamente a mi lado, para matarte mientras te beso y acaricio tu angelical y bien creado cuerpo de niña.
Acabo con las farsas, me deshago de ti, tu recuerdo y los de las tantas otras víctimas ingenuas. Cabo un túnel y escondo los miles de cadáveres. Desaparezco y nadie lo nota.



